La integración como proceso

La integración como proceso

Jean, en el centro de la foto, es Técnico del Programa de Acogida a Inmigrantes en Situación de Vulnerabilidad del Movimiento por la Paz -MPDL-, orientado a garantizar la cobertura de necesidades básicas de alojamiento y manutención a personas migrantes en situación de vulnerabilidad en España.


"El programa funciona muy bien y nos gusta lo que estamos haciendo", explica Jean. "Me siento muy bien, muy identificado. Me siento útil. Los chicos tienen las mismas preocupaciones que tenía yo, me piden consejo, confían en mí. Son cosas que no se pagan ni con todo el oro del mundo". Como muchas de las personas con las que ahora trabaja, Jean emprendió el camino desde su país natal hasta Europa soñando con posibilidades para construirse un futuro. Por eso, conoce de primera mano qué significa dejarlo todo para buscar una vida mejor en un tercer país lejano y desconocido.

El camino

Nació en Camerún en 1982 y estudió Ciencias Políticas en su país natal, aunque no se imaginaba su futuro allí. "Veía el futuro incierto", nos cuenta. Sin el apoyo de su madre, que no quería que se marchase al igual que hizo su hermano, ahorró algo de dinero y partió con un amigo. Durante dos años cruzó fronteras, trabajó en lo que pudo, atravesó el desierto del que pensó que nunca saldría, estuvo en prisión y perdió la esperanza en múltiples ocasiones. "Cuanto más avanzaba, pensaba: quizás mi madre tenía razón". Se planteaba regresar pero a esas alturas del trayecto las dificultades para volver eran muchas también y decidió seguir adelante en su sueño de ir a Europa. Hasta que en 2009 cruzó la frontera de Melilla.

Europa

"Los primeros momentos lo pasé muy mal", explica Jean. "Era una civilización diferente a lo que había pensado, no era lo que imaginaba de Europa antes de llegar. Pensaba, ellos han creado los derechos humanos, todo muy bonito. Y aquí he visto injusticias como en todas partes. He conocido gente buena y gente mala".

Durante un año y medio formó parte como usuario del Programa de Acogida a Inmigrantes en Situación de Vulnerabilidad del Movimiento por la Paz, donde ahora trabaja. "Vienes de tu país, no sabes adonde ir, no conoces gente, el Programa es un apoyo muy importante", continúa.

Desde el primer momento tuvo claro que tenía que hablar bien el idioma, que sería la única forma de integrarse, conocer gente, encontrar trabajo. "Saber el idioma te abre puertas y la gente confía en ti", dice Jean. "Aunque me costó entender el proceso para conocer personas y hacer amigos". La palabra proceso aparece a menudo en la conversación. "Incluso una vez que has llegado aquí, no es fácil. Pasas frío, angustia, no te sientes valorado. Son etapas. Pero cuando llegas no lo ves como etapas. Si una persona llega aquí sabiendo que tiene que vivir etapas, está entendiendo realmente dónde está".

El balance

"Como persona ha merecido la pena. He aprendido muchísimo, he crecido muchísimo. Me veo como otra persona, más maduro, conozco más cosas. No tengo ningún complejo de nada. Hay momentos de bajón, claro, no es que todo haya sido bonito, hay momentos difíciles. Pero en esta época de mi vida estoy muy contento y estoy bien conmigo mismo. Es un momento dulce", sonríe Jean. "Y mi madre está muy orgullosa".

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