¿Qué es la cultura de paz?

Hablar de cultura de paz es hablar de un proyecto político, social y ético que cuestiona de raíz la forma en que se organizan nuestras sociedades. No se reduce a la ausencia de guerra ni a la disminución puntual de la violencia, lo que se conoce como paz negativa, sino que implica transformar las estructuras que producen desigualdad, exclusión y dominación, paz positiva. La cultura de paz nombra un horizonte de convivencia sustentado en la dignidad humana y la justicia social y el reconocimiento efectivo de todas las personas como sujetas de derechos.

Desde Movimiento por la Paz -MPDL- entendemos la cultura de paz como un camino consciente hacia modelos de vida colectiva que colocan el cuidado, el diálogo y la cooperación, junto a los derechos humanos y la sostenibilidad, en el centro, frente a lógicas basadas en la imposición, la competencia y la violencia. Es una forma de pensar y estar en el mundo, pero también una manera concreta de intervenir en él, de disputar sentidos y de transformar prácticas.

La paz como proceso

La paz no es un estado al que se llega de una vez y para siempre. Es un proceso histórico, siempre inacabado, que exige revisar de manera permanente cómo se distribuye el poder, cómo se accede a los recursos y quién queda dentro o fuera de los derechos. La cultura de paz parte de la premisa fundamental de que los conflictos son inevitables en toda sociedad, pero que la violencia es una construcción social que puede y debe ser desmantelada.

Una sociedad justa es la que gestiona los conflictos a través de mecanismos democráticos, participativos y no violentos.

La cultura de paz no es neutral: toma partido por quienes sufren las desigualdades y se sostiene sobre principios que orientan la acción colectiva:

  • Los derechos humanos como límite al poder y como base de toda convivencia.
  • La igualdad real entre mujeres y hombres y la erradicación de todas las violencias.
  • La justicia social como condición imprescindible de la paz.
  • El reconocimiento de la diversidad cultural, social y territorial.
  • El diálogo, la mediación y la participación como vías para resolver conflictos.
  • El cuidado de las personas y del planeta como responsabilidad colectiva.

Educación, conciencia crítica y memoria

La cultura de paz se construye en los espacios donde se forman las miradas con las que entendemos el mundo. Educar para la paz implica desmontar los relatos que naturalizan la violencia, el racismo, el machismo o la exclusión. Implica promover una conciencia crítica capaz de cuestionar las relaciones de poder que los sostienen.

Y la memoria es inseparable de este proceso: nombrar las violencias del pasado, reconocer a quienes las han sufrido y asumir responsabilidades colectivas. Una lectura honesta del pasado construye una paz que se sostiene en los procesos de verdad, justicia y reparación.

Juventud y transformación social

La juventud es receptora de construcción de paz, pero sobre todo, las personas jóvenes son agentes centrales de su acción. Desde los movimientos sociales, los centros educativos, los barrios o los espacios digitales, generan nuevas formas de participación, cuestionan herencias de desigualdad y crean lenguajes propios para hablar de justicia, diversidad y derechos. En sus prácticas se ensayan las formas de convivencia que aún no existen, se viven los mundos que aún están por llegar.

Un mundo organizado por las violencias

Hablar hoy de cultura de paz es hablar de guerras, crisis humanitarias, desigualdades, racismo, machismo, emergencia climática y desplazamientos forzados. La cultura de paz es una respuesta política a un mundo organizado en torno a múltiples violencias.

Construir paz hoy significa transformar las causas profundas de los conflictos, las relaciones coloniales heredadas, las lógicas extractivas, la concentración de la riqueza y los modelos económicos que colocan el beneficio por encima de la vida.

“Puesto que las guerras nacen en la mente de los seres humanos, es en la mente de los seres humanos donde deben erigirse los baluartes de la paz.”

Constitución de la UNESCO

La cultura de paz en Movimiento por la Paz

En Movimiento por la Paz -MPDL- trabajamos desde la cultura de paz a través de la educación para la ciudadanía global, el voluntariado, la intervención social, la cooperación internacional, la igualdad y la lucha contra la discriminación. Impulsamos procesos que fortalecen la participación, el pensamiento crítico y la defensa activa de los derechos.

Nuestra acción parte de la convicción de que la paz se construye día a día junto a las personas, desde los territorios y desde las experiencias concretas de quienes viven la desigualdad y la exclusión. Todo esto implica una apuesta sólida por el desarrollo de capacidades locales para la paz, poniendo énfasis en las habilidades, actitudes y valores que permiten a las personas y comunidades construir relaciones pacíficas, resolver conflictos de manera constructiva y promover entornos seguros y justos.

La paz se construye. Y se construye juntas y juntos. Porque un mundo más pacífico es posible.