El saber campesino junto a la cooperación valenciana impulsan la transición ecológica en Cuba
En las fincas de Guanabacoa, al este de La Habana, la palabra “transición” se ha convertido en una experiencia compartida. Durante dos años, productoras y productores locales han protagonizado un proceso de transformación agroecológica que hoy deja resultados tangibles en la seguridad alimentaria, la sostenibilidad de los medios de vida y el cuidado de los ecosistemas.
“El recurso ha sido parte de lo que se sueña tener en una lechería, en una finca agroecológica. Pero lo más valioso ha sido el conocimiento, el intercambio y la resiliencia que hemos construido”, resume Yulieth Caballero, de la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Victoria de Girón. Su testimonio sintetiza el espíritu del proyecto Impulsar la transición ecológica en La Habana, una iniciativa apoyada por la Generalitat Valenciana y desarrollada por la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA), junto a Movimiento por la Paz -MPDL- y Justicia Alimentaria.
El proyecto partió de un proceso de diagnóstico participativo en las comunidades. Visitas técnicas, caracterización de suelos y cultivos, la llamada “campificación”, y el análisis de necesidades, lo que permitió diseñar planes a medida.
A partir de ahí llegaron los recursos: sistemas de almacenamiento de agua, soluciones para el aprovechamiento de energías renovables, equipamiento agrícola y pecuario, medios de transporte y procesamiento. Sin embargo, tal y como señalan quienes formaron parte de estos procesos, lo determinante fue la capacitación técnica.
Talleres sobre agroecología, biodiversidad, economía circular, producción de forrajes proteicos, autogestión de semillas, uso de microorganismos eficientes o fertilización sostenible fortalecieron las capacidades técnicas de las 11 fincas participantes. Profesionales del Instituto de Ciencia Animal, el Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical “Alejandro de Humboldt”, el Instituto de Investigaciones Hortícolas “Liliana Dimitrova” y la Universidad Agraria de La Habana acompañaron este proceso formativo.
El resultado ha dado lugar a un cambio de mirada: producir más y mejor, reduciendo insumos externos, aprovechando residuos orgánicos y regenerando los suelos.
Mujeres jóvenes, protagonistas del cambio
Uno de los ejes estratégicos fue la incorporación de mujeres jóvenes y su participación activa en las labores agropecuarias, en coherencia con el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres en Cuba. A través de espacios de formación en género, liderados junto al Proyecto de Desarrollo Local Innova Ashé, se promovieron iniciativas productivas vinculadas a la siembra de posturas, la cría de cabras y el agroturismo.
Más allá de las cifras, el impacto se percibe también en la vida cotidiana a través de las nuevas dinámicas familiares, del mayor reconocimiento del trabajo femenino y de una participación más activa en la toma de decisiones productivas.
Economía circular e innovación
Entre los avances concretos destaca la introducción de prácticas de economía circular a través de la cuál se llevan a cabo procesos de aprovechamiento de residuos vegetales para la elaboración de alimento animal, producción de abonos orgánicos de origen animal y aplicación de nuevas técnicas sostenibles de fertilización.
La cooperación también ha promovido una red de apoyo entre las propias fincas. Productores y productoras intercambian saberes, comparten recursos, como un minilaboratorio para evaluar la calidad de la leche, y replican buenas prácticas en distintos contextos. “Somos 11 fincas y ojalá en el próximo proyecto seamos 11 más”, señala Ernesto Rebollar, de la finca Homenaje, consciente de que la transición es un proceso continuo.
El camino no ha estado exento de dificultades, especialmente en un contexto económico complejo en el que este tipo de actuaciones son más pertinentes si cabe. Sin embargo, como destacó el equipo de Movimiento por la Paz en Cuba, la creatividad y el compromiso de las personas han sido clave para maximizar el uso de cada recurso disponible.
La experiencia demuestra que la cooperación internacional, cuando se basa en la escucha, el diagnóstico participativo y el fortalecimiento de capacidades locales, puede convertirse en motor de cambios estructurales. Se trata de producción de alimentos de forma sostenible, con equidad de género y resiliencia frente a las crisis.
En Guanabacoa, la transición ecológica ya es un proceso en marcha que combina saber campesino, ciencia, cooperación y compromiso comunitario. Una semilla que, con el cuidado adecuado, puede extenderse a muchos otros territorios.
