Arte, identidad y refugio. Conversamos con Javier Jiménez desde la experiencia migrante

El arte como memoria, como resistencia y como lugar donde volver a encontrarse. Con motivo del Día Mundial de las Personas Refugiadas, conversamos con el artista visual venezolano Javier Jiménez sobre migración, identidad, cuerpo y creación artística. Desde su experiencia personal y su trayectoria entre Venezuela y Santander, Javier reflexiona sobre cómo el arte puede convertirse en refugio emocional, herramienta de transformación y espacio para recuperar la dignidad y la voz propia.

1. Para comenzar, ¿puedes presentarte y compartir cómo ha sido el camino personal y artístico que se ha movido desde Venezuela hasta Santander?

Soy Javier Jiménez, artista visual venezolano y actualmente vivo en Santander. Mi camino ha estado marcado por el movimiento, la adaptación y la búsqueda constante de identidad. Migrar no solo implicó cambiar de territorio; también significó transformar mi manera de mirar el mundo y mi práctica artística. He atravesado experiencias personales que han influido profundamente en mi obra y que me han llevado a entender el arte como un espacio donde puedo reconstruir recuerdos, emociones y preguntas sobre quiénes somos.

2. Tu trayectoria parece estar constantemente entre lo íntimo y lo social. ¿Cuándo entendiste que el arte también podía ser una herramienta?

Lo comprendí cuando descubrí que una obra podía generar conversación, provocar preguntas y crear conexiones entre personas con experiencias distintas. En algún momento entendí que el arte no era solamente una forma de expresión personal; también podía ser una herramienta para visibilizar historias, cuestionar realidades y abrir espacios de reflexión.

3. En tu performance, como “Identidad sin Fronteras”, utilizas el cuerpo como lienzo vivo. ¿Qué significa para ti el cuerpo en contextos de migración, refugio y desplazamiento?

El cuerpo es el primer territorio que habitamos y muchas veces el único que llevamos con nosotros cuando todo cambia. En procesos de migración y desplazamiento, el cuerpo conserva memoria, heridas, emociones y experiencias. Utilizarlo como lienzo vivo es una forma de convertirlo en lenguaje y en testimonio de aquello que muchas veces es difícil expresar con palabras.

4. Muchas personas migrantes sienten que tienen que reconstruirse al llegar a otro país. ¿Crees que el arte puede convertirse en una forma de refugio emocional o incluso de supervivencia?

Definitivamente sí. El arte puede convertirse en un refugio emocional porque permite canalizar sentimientos que a veces no encuentran otra salida. En momentos difíciles puede ser una herramienta de resistencia y supervivencia. Crear también es una forma de mantenerse conectado consigo mismo cuando todo alrededor parece cambiar.

5. Como artista venezolano que ahora reside en Santander, ¿cómo ha cambiado tu mirada sobre la identidad, el arraigo o el sentimiento de pertenencia?

Antes veía la identidad como algo más fijo; ahora la entiendo como algo que evoluciona constantemente. La migración me enseñó que pertenecer no siempre significa estar ligado a un lugar específico. También se puede pertenecer a las personas que encontramos, a las experiencias que construimos y a los espacios que vamos creando.

6. En Europa se habla mucho de migración desde cifras, fronteras o discursos institucionales y las historias de vida tienden a invisibilizarse. ¿Qué crees que puede aportar el arte a esa conversación?

El arte tiene la capacidad de devolver humanidad a aquello que muchas veces se reduce a estadísticas. Puede acercar historias personales, generar empatía y crear conexiones emocionales. Detrás de cada cifra existen personas, trayectorias y experiencias únicas, y el arte puede ayudar a que esas voces sean escuchadas.

7. A menudo las personas refugiadas o migrantes son representadas únicamente desde el sufrimiento o la emergencia. ¿Qué importancia tiene para ti generar espacios donde también exista belleza, dignidad y expresión propia?

Es muy importante porque las personas migrantes no somos únicamente historias de dolor. También somos creatividad, sueños, capacidades y resistencia. Crear espacios donde exista belleza y expresión propia permite recuperar la dignidad y construir narrativas más humanas y completas.

8. Para cerrar, si tuvieras que definir qué relación existe entre el arte y el refugio, ¿qué dirías? ¿Puede el arte convertirse en un lugar seguro, en una forma de resistencia o incluso en una manera de volver a habitarse a uno mismo?

Creo que el arte y el refugio están profundamente conectados. El arte puede convertirse en un lugar seguro donde una persona encuentra la posibilidad de expresarse sin miedo. También puede ser resistencia frente al silencio y una manera de reconstruirse desde adentro. A veces, crear una obra es también volver a encontrarse y volver a habitarse a uno mismo.

En un contexto en el que las migraciones suelen narrarse desde la urgencia, las cifras o el control fronterizo, las palabras de Javier Jiménez recuerdan la importancia de escuchar las experiencias humanas que existen detrás de cada trayectoria. Su mirada reivindica el arte como un espacio de memoria, dignidad y reconstrucción, capaz de generar empatía y abrir nuevas formas de entender el refugio, la identidad y la pertenencia.