“No todas las personas llegan con las mismas oportunidades, pero tenemos talento, conocimientos y una enorme capacidad para aportar”

Samou Doumbia llegó a España desde Costa de Marfil en 2019. En Movimiento por la Paz -MPDL- comenzó a aprender castellano y accedió a distintas formaciones profesionales que contribuyeron a abrirle camino en el sector de la hostelería.

Desde entonces, su trayectoria le ha llevado a trabajar en restaurantes de Madrid, París, Marbella y Valencia. Actualmente es chef en Nueva Orleans, Estados Unidos, donde combina la cocina de fusión japonesa con propuestas inspiradas en sus raíces africanas.

Conversamos con él sobre su experiencia migratoria, su recorrido profesional y la importancia de la acogida y las oportunidades para construir nuevos proyectos de vida.

Llegaste a España en 2019. ¿Cómo recuerdas aquellos primeros meses?

Llegar a un país nuevo, donde no hablas el idioma, no conoces a nadie ni sabes cómo funcionan las cosas, fue un reto importante. La principal dificultad era la comunicación. Quería conocer gente, integrarme y hacer cosas, pero el idioma suponía una barrera muy grande.

Tenía claro que quería construir un futuro y, poco a poco, fui aprendiendo castellano. En Movimiento por la Paz empecé a recibir clases todas las mañanas y después pude acceder a formaciones de pescadería y carnicería.

Aprender el idioma y formarme me ayudaron a ganar confianza en mí mismo y a darme cuenta de que podía conseguir cosas por mi cuenta.

¿Cómo llegaste a Movimiento por la Paz y qué recuerdas de aquella etapa?

Llegué gracias a un chico que me vio durmiendo en la calle y me recomendó acudir al centro. Al día siguiente fui hasta allí. Todavía recuerdo perfectamente la dirección: calle Martos 15, en El Pozo.

Había entrado en España por Almería y después me habían llevado a un centro en Cádiz. La persona que tenía que recogerme me abandonó y terminé durmiendo en la calle.

En Movimiento por la Paz encontré personas que me escucharon, me orientaron y me dieron oportunidades. Gracias al acompañamiento y las formaciones pude descubrir nuevas posibilidades para mi futuro.

Es una etapa que nunca olvidaré. Cuando llegas a un país nuevo, encontrar personas que te escuchen y te den una oportunidad significa muchísimo.

¿Cómo descubriste que querías dedicarte profesionalmente a la cocina?

Al principio veía las formaciones como una oportunidad para aprender un oficio y encontrar trabajo, pero con el tiempo descubrí que la cocina me gustaba de verdad. Pude formarme en pescadería, carnicería, cocina y pastelería, y empecé a interesarme por las técnicas y el funcionamiento de una cocina profesional.

Después hice unas prácticas en un restaurante, aunque durante todo el mes prácticamente solo me dejaron lavar platos. Nunca me dieron un cuchillo para cortar ni una cebolla. Aun así, seguí porque quería aprender y dedicarme a esta profesión.

Cuando conseguí mi permiso de trabajo, un compañero de las clases de carnicería me puso en contacto con el chef Sergio Paolini. Conocerle fue muy importante para mí. Confió en mí desde el primer día y empezó a enseñarme desde cero. Mi primera chaqueta de cocina era una suya que ya no utilizaba. Todavía la conservo.

Desde entonces has trabajado en distintos países. ¿Cómo ha sido ese recorrido profesional?

Comencé en el restaurante Salvaje, en Madrid, donde fui aprendiendo y asumiendo nuevas responsabilidades. Con el tiempo llegué a ser chef en los restaurantes del grupo en París y Marbella. También he trabajado en Valencia y ahora estoy en Nueva Orleans, donde soy chef en un restaurante de cocina fusión japonesa.

Aquí estoy incorporando algunas propuestas africanas para integrar también mi cultura en mi trabajo.

Cada viaje y cada apertura han sido una oportunidad para aprender, asumir responsabilidades y salir de mi zona de confort. Muchas veces se ven los lugares en los que has trabajado, pero no todo el esfuerzo que hay detrás.

Creo que lo más importante no son las ciudades por las que he pasado, sino la persona en la que me he ido convirtiendo gracias a esas experiencias.

Después de haber vivido en tantos lugares, ¿qué significa para ti sentirse acogido?

Para mí, sentirse acogido significa encontrar personas que te traten con respeto, que te den una oportunidad y que te hagan sentir que puedes formar parte de un lugar, aunque vengas de otro país.

No significa que te lo den todo, sino que tengas oportunidades para aprender, trabajar y demostrar lo que puedes hacer.

He encontrado personas que me ayudaron en momentos muy difíciles y siempre estaré agradecido. Hoy entiendo que un pequeño gesto puede ayudar muchísimo a alguien que está empezando desde cero.

Si pudieras hablar con el Samou que llegó a España en 2019, ¿qué le dirías?

Le diría que no tenga miedo, que tenga paciencia y que nunca deje de creer en sí mismo.

Habrá momentos difíciles, días en los que no entenderá nada y las cosas no saldrán bien. Pero le diría que no se rinda, que escuche a las personas que quieren ayudarle y que nunca sienta vergüenza de sus comienzos.

Y, sobre todo, le diría: «Un día mirarás atrás y estarás muy orgulloso de no haberte rendido».

Desde tu experiencia, ¿qué crees que solemos olvidar cuando hablamos de las personas migrantes?

Creo que muchas veces olvidamos que detrás de cada persona que migra hay una familia, una esperanza, un sueño y muchas ganas de salir adelante.

No todas las personas llegan con las mismas oportunidades, pero muchas tenemos talento, conocimientos y una enorme capacidad para aportar cosas positivas a la sociedad.

En mi caso, llegué a España buscando un futuro mejor y, gracias a las oportunidades de formación y trabajo y a las personas que fui encontrando, hoy puedo desarrollar mi profesión internacionalmente.

Me encantaría que mi historia sirviera para mostrar que una oportunidad puede cambiar una vida. No importa de dónde vengas ni cómo estés empezando. Lo importante es tener la posibilidad de aprender, trabajar y demostrar lo que puedes hacer.