La decolonialidad del voluntariado en la cooperación internacional

Voluntariado Transformador

La movilización social y el voluntariado transformador tienen un papel fundamental en el cambio social y la construcción de sociedades más justas: fortalecen la organización comunitaria desde una perspectiva de solidaridad, participación activa y transformación pacífica.

El voluntariado transformador es aquel que va más allá de las acciones concretas, desmonta relaciones de poder que perpetúan desigualdades y tiene un impacto sostenible en y con la comunidad.

En lo relativo al voluntariado internacional, para que sea también realmente transformador es necesario que no perpetúe relaciones desiguales de poder Norte-Sur y que tenga un enfoque decolonial.

Sobre ello reflexionamos con Acapacá, una plataforma de los movimientos sociales latinoamericanos que impulsan una cooperación internacional en base a principios de decolonialidad, feminismo, anti-racismo, participación e inclusión.

El ejercicio de un voluntariado justo y reflexivo pasa por transitar hacia un voluntariado decolonial, en el que se rompe con las jerarquías impuestas y se entiende que cooperar es colaborar, nunca "salvar".

Como señalan autoras como María Lugones, la colonialidad no terminó con la independencia de los países; dejó estructuras que permanecen en el tiempo. En el voluntariado, esto se refleja cuando se idealiza y se asume que todo conocimiento producido en el Norte Global es más técnico, moderno o riguroso, convirtiéndolo en la versión ‘legítima’ de la verdad y subestimando o anulando los saberes ancestrales y comunitarios, entre otras cosas.

Para que el voluntariado sea genuinamente decolonial, debemos:

  • Reconocer la responsabilidad histórica: existen países que mantienen una negación de su responsabilidad colonial. Como ciudadanía crítica, reconocer este pasado es el punto de partida.
  • No replicar jerarquías de conocimiento: el conocimiento universitario no es superior al conocimiento ancestral. Ambos deben dialogar en igualdad.
  • Entender que "no es personal, es estructural": no se trata de culpas individuales, sino de reconocer las estructuras de poder que habitamos para poder generar contra narrativas.

El principio fundamental es entender que las personas de las comunidades de acogida son agentes activos de sus propias vidas, no beneficiarios pasivos. El voluntariado ético debe erradicar prácticas como:

  • Dar voz o empoderar: las personas ya tienen voz propia; el voluntario no llega a otorgar derechos, sino a reconocerlos.
  • El voluntarismo y la exotización: debemos evitar la idealización de la pobreza y la búsqueda de reconocimiento externo. Como nos recuerda Acapacá: "el voluntariado no es un desayuno para Instagram".
  • El extractivismo emocional: no viajar para "consumir" una cultura o una experiencia personal a costa de la realidad ajena.

Para ser, en palabras de Lugones, "tierra que anda", el voluntario debe adoptar una postura de respeto absoluto por el lugar que visita.

La escucha activa es reconocer el conocimiento de quienes nos rodean. Luciana Peker lo resume en una frase potente: "Lo primero que hay que hacer en un voluntariado es mirar a los ojos".

Lo ideal es que nadie vuelva igual de un voluntariado, la experiencia transformadora pasa por el aprendizaje más profundo sobre las comunidades, y sus aportes no solo quedan en la persona voluntaria sino que ésta los difunde en su nueva manera de ver y entender el mundo. Y esto requiere escuchar activamente los aportes de la comunidad, empaparse de la cosmovisión local sin prejuicios y evitar actitudes condescendientes y la victimización.

Un compromiso sostenido

Autoras como Bell Hooks nos recuerdan que la cooperación no debe desaparecer ante un desastre, pero tampoco puede convertirse en una fuente de daño. Honrar la ancestralidad y respetar los códigos emocionales locales es una manera de reconocer que cada comunidad tiene su propia forma de sostenerse. Fortalecer las redes y asumir la responsabilidad estructural es lo que distingue a una persona voluntaria comprometida de un visitante pasajero.

La voluntad es el motor de la solidaridad y del deseo de transformación, pero este impulso requiere equilibrio: ni indiferencia ni extractivismo ni colonialismo. Incluso dentro del feminismo, este cuidado se vuelve indispensable. Carolina Meloni González advierte que “toda memoria feminista que se pretenda única y universal está en clara sintonía con los discursos de poder”, recordándonos que no existe un solo camino para luchar o avanzar. Un voluntariado decolonial reconoce esta diversidad y entiende que la verdadera transformación surge del respeto profundo, la escucha constante y un compromiso sostenido que trasciende la acción inmediata.

¿Estás pensando en hacer voluntariado?

Si vas a realizar un voluntariado, hazte estas preguntas:

  • ¿Me he esforzado por averiguar o conocer el territorio al que quiero ir, su cultura y sus esquemas económicos y sociales?
  • ¿Tengo una actitud reflexiva y me hago preguntas cuando no sé algo?
  • ¿Mi presencia fortalece la autonomía local o genera dependencia?
  • ¿Por qué quiero hacer este voluntariado?
  • ¿Cómo entiendo el voluntariado y cómo me posiciono ante él?
  • ¿Estoy dispuesta a escuchar y reconocer otros saberes y maneras de hacer las cosas?

El voluntariado decolonial es, en esencia, un ejercicio de humildad, aprendizaje mutuo y justicia social.