Nos necesitamos para vivir bonito. 21M | Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial

Hay una escena que se repite cada día en miles de vidas jóvenes: abrir portales de búsqueda de piso, filtrar por precio, bajar expectativas y aun así no llegar. Habitaciones sin ventanas, cocinas encima de la lavadora, alquileres que devoran sueldos enteros. Y la sensación de estar siempre un poco fuera de lugar, como si la vida adulta fuera una puerta que no termina de abrirse.

La precariedad no es solo no llegar a fin de mes. Es vivir con el tiempo acelerado, encadenando trabajos, desplazamientos y preocupaciones. Es no poder parar. Es la soledad que se cuela entre horarios imposibles. Es la salud mental sostenida en equilibrio inestable.

Y en medio de todo eso, una pregunta incómoda:
¿Quién puede realmente vivir bien hoy?

Porque incluso dentro de esa precariedad compartida, no todas partimos del mismo lugar.

Para muchas personas jóvenes migrantes o racializadas, la dificultad no empieza en el precio del alquiler, sino en algo más básico como es el propio acceso mismo a ese alquiler. El “ya te llamaremos” que nunca llega. El acento que pesa. El nombre que cierra puertas. El racismo inmobiliario que decide quién puede habitar la ciudad y quién no.

A esto se suman otras capas: más obstáculos para acceder a recursos públicos, mayor exposición a abusos laborales, redes sociales más fragmentadas y una acumulación constante de pequeñas violencias que desgastan.

La precariedad, entonces, no es igual para todas. Y el racismo no es una excepción, es una condición que lo atraviesa todo.

Desde colectivos antirracistas hasta sindicatos de vivienda, pasando por organizaciones sociales y espacios comunitarios, hay muchas formas de implicarse. No todas las personas pueden hacerlo todo, pero todas podemos hacer algo.

También, desde lo cotidiano, podemos cuidar los vínculos, abrir espacios de escucha, cuestionar lo que normalizamos y sostenernos unas a otras.

Porque si algo atraviesa todas estas experiencias es la intuición compartida de que nadie se salva sola. Nos necesitamos para vivir bonito.

Esta semana, Sara Bourehiyi, en colaboración con Movimiento por la Paz -MPDL- y la Agencia EH, lanzará dos reels que ponen voz y cuerpo a muchas de estas realidades que atraviesan a la juventud hoy frente a la precariedad, el racismo y la necesidad de lo colectivo, invitando también a pasar a la acción y organizarse en colectivos como SOS Racismo o el Sindicato de Inquilinas, revisar lo que consumimos siguiendo a creadoras como Chaimaa Boukharsa o Afro Colectiva, leer a autoras como Lucía Mbomio o Desirée Bela-Lobedde, y escuchar podcasts como No hay negros en el Tíbet o Naked Talks para ampliar la mirada.

Estate atenta a nuestras redes para no perdértelos.

Esta iniciativa se enmarca en el proyecto “Jóvenes frente a la discriminación”, impulsado con el apoyo del Ministerio de Derechos Sociales.