“El arte por sí mismo no repara las violencias estructurales, ni sustituye derechos (...) pero puede ofrecer una forma de ordenar la experiencia sin reducirla al trauma”
Lina Sanabria, Natalia Andreoli y Alba Rodriguez conforman el Espacio Amazonas, una asociación artística de mujeres artistas latinoamericanas residentes en España; desde su experiencia como migrantes consideran vital la creación, formación, acompañamiento y difusión de propuestas culturales desarrolladas por artistas, artesanas e investigadoras migrantes.
El próximo 19 de junio, a las 19:00h, el patio de Casa Árabe en Madrid acogerá su exposición “Refugio”, en el marco de la jornada “Arte y refugio” que desde Movimiento por la Paz -MPDL- organizamos con motivo del Día Mundial de las Personas Refugiadas. Hoy hablamos con las integrantes del colectivo que reconocen el “refugio artístico” como un espacio donde una no tiene que defender constantemente su derecho a estar, a crear, a hablar o a existir.
¿Cómo nace la necesidad de crear Espacio Amazonas y qué vacío sentían que hacía falta ocupar en Madrid?
Espacio Amazonas nace de una necesidad muy concreta: crear un lugar donde las prácticas artísticas de mujeres migrantes, latinoamericanas, racializadas y disidentes no fueran tratadas como una nota al margen, sino como producción de conocimiento, sensibilidad y pensamiento crítico. Sentíamos que hacía falta un espacio que no fuera solo sala de exhibición, sino también refugio, taller, archivo, laboratorio y comunidad.
Amazonas nace para ocupar ese vacío: un lugar donde el arte pueda ser una forma de encuentro, de elaboración colectiva y de intervención política; un espacio donde las memorias migrantes no sean invitadas de manera puntual, sino que estructuren la mirada, la metodología y la forma de estar juntas.
¿Qué aprendizajes de sus propias experiencias migratorias dieron forma al proyecto?
Nuestras propias experiencias migratorias nos enseñaron que migrar no es solo desplazarse de un país a otro. Es también aprender a habitar la distancia, reorganizar los afectos, reconstruir redes, negociar con instituciones desconocidas y, muchas veces, sostener la vida en condiciones de precariedad material y emocional.
También aprendimos que la migración produce una forma particular de mirada. Una mirada capaz de detectar ausencias, jerarquías, silencios y contradicciones en los relatos dominantes. Llegar a Europa desde América Latina implica encontrarse con una historia que muchas veces nos ha nombrado desde fuera: como objeto de estudio, como diferencia, como problema o como folclore. Frente a eso, Espacio Amazonas surge como un intento de tomar la palabra desde nuestras propias experiencias.
La migración nos enseñó, además, la importancia de las redes informales, de las amigas, de los cuidados cotidianos, de los espacios donde una puede descansar sin tener que explicar constantemente quién es. Ese aprendizaje atraviesa profundamente el proyecto.
¿Cómo dialogan sus trayectorias como muralistas con este formato más amplio de refugio cultural y comunitario?
El muralismo nos enseñó que el arte no ocurre solo dentro de las instituciones culturales. Ocurre en la calle, en los barrios, en los muros, en los cuerpos que se detienen a mirar y conversar. Nos enseñó que una imagen puede abrir una conversación pública y que la creación puede ser también una forma de apropiación del territorio.
Ese aprendizaje se traslada a Espacio Amazonas. Espacio Amazonas nace como una iniciativa de Dúo Amazonas, pero ahora somos un colectivo y ese era uno de los objetivos desde el principio: seguir ampliando nuestras redes porque creemos que en colectivo se crea mejor.
Aunque el espacio tenga una dimensión física más íntima, seguimos pensando desde una lógica muralista: el arte como intervención situada, como gesto colectivo, como disputa por la visibilidad y como forma de narrar lo que suele quedar fuera del relato oficial.
Ustedes hablan de Espacio Amazonas como un lugar de encuentro y de afecto. ¿Qué significa para ustedes la palabra “refugio”?
Para nosotras, refugio no significa aislamiento ni encierro. Refugio es un lugar donde el cuerpo puede bajar la guardia. Un espacio donde una no tiene que defender constantemente su derecho a estar, a crear, a hablar o a existir.
Refugio es también una condición para poder imaginar. Cuando la vida está atravesada por la urgencia, la precariedad o la violencia, no siempre hay tiempo ni energía para crear. Por eso entendemos el refugio como una infraestructura afectiva y política: un lugar donde se cuidan las condiciones para que algo pueda ser dicho, elaborado, compartido o transformado.
¿Puede el arte funcionar como una forma de protección o de reparación frente a la experiencia de las personas refugiadas?
El arte por sí mismo no repara las violencias estructurales, ni sustituye derechos, protección jurídica, vivienda, salud mental, trabajo digno o políticas públicas. Pero sí creemos que el arte puede abrir espacios de elaboración simbólica, reconocimiento y recomposición subjetiva. La creación puede ofrecer una forma de ordenar la experiencia sin reducirla al trauma. Puede permitir narrarse desde otros lugares: no solo desde la pérdida, sino también desde la agencia, la memoria, el deseo, la imaginación y la dignidad.
¿Por qué era importante que las residencias estuvieran enfocadas en cuestionar jerarquías y modelos eurocéntricos?
Cuestionar las jerarquías y los modelos eurocéntricos es fundamental para no reproducir dentro del arte las mismas relaciones de poder que atraviesan la sociedad. Nos interesa preguntar quién mira, quién nombra, quién archiva, quién legitima, quién decide qué es arte contemporáneo y qué queda relegado a lo testimonial o a lo periférico.
No se trata solo de incluir a artistas migrantes en estructuras ya dadas, sino de transformar las preguntas, los métodos y los criterios desde los cuales se produce y se valora la creación.
¿Qué artistas, pensadoras o comunidades inspiran vuestro trabajo?
Nos inspiran muchas genealogías. Desde el pensamiento feminista, decolonial y antirracista latinoamericano hasta las prácticas artísticas comunitarias, el muralismo, los archivos populares, las pedagogías críticas y las memorias de las diásporas.
Nos interesan autoras y pensadoras como Gloria Anzaldúa, bell hooks, Silvia Rivera Cusicanqui, Rita Segato, María Lugones, Audre Lorde, Yuderkys Espinosa Miñoso, Grada Kilomba, Ariella Aïsha Azoulay, entre muchas otras. También nos inspiran artistas y colectivas que trabajan desde el archivo, el cuerpo, la memoria colonial, la imagen y la intervención pública.
Pero quizás nuestra inspiración más importante viene de nuestras compañeras: artistas sin grandes plataformas institucionales, redes barriales en América Latina, colectivas antirracistas y personas que convierten la precariedad en organización, cuidado, goce y potencia creativa.
¿Cómo atraviesa la experiencia migratoria y de refugio los procesos creativos?
La experiencia migratoria y de refugio atraviesa los procesos creativos de muchas maneras: en los temas, en los materiales, en los silencios, en la relación con el idioma y los acentos, en la forma de recordar, en la manera de construir imágenes y en la pregunta constante por el lugar desde el que se habla.
Migrar implica muchas veces vivir entre territorios. El cuerpo está aquí, pero la memoria, los afectos o los duelos pueden estar en otro lugar. Esa tensión aparece en las obras. Pero no queremos pensar en la migración sólo como pérdida. También puede producir imaginación política, nuevas alianzas, lecturas críticas del territorio de llegada.
La experiencia migratoria no es un tema cerrado; es una forma de mirar.
¿Cómo dialogan memoria y territorio en las obras que acoge el espacio?
El territorio no aparece solo como geografía. De hecho, es nuestro tema de investigación/creación de nuestro Encuentro Anual: Crear en la Periferia. El territorio aparece como memoria afectiva, como disputa histórica, como cuerpo, como lengua.
En Espacio Amazonas nos interesa especialmente el diálogo entre memoria y territorio porque conecta las experiencias personales con procesos históricos más amplios: colonialidad, racismo, desplazamiento, extractivismo, frontera, diáspora y resistencia.
¿Qué redes o alianzas han sido fundamentales para sostener Espacio Amazonas?
Espacio Amazonas se sostiene gracias a una red de afectos, complicidades y alianzas. Han sido fundamentales las artistas que han confiado en el espacio, las amigas que han acompañado procesos de montaje, comunicación, mediación y cuidado y las personas que han participado en talleres, exposiciones, visitas y conversaciones.
También han sido importantes las alianzas con organizaciones sociales, espacios culturales independientes, instituciones que han abierto puertas puntuales y redes comunitarias que comparten preocupaciones similares en torno al arte, la migración, la memoria y la justicia social.
Pero más allá de las alianzas formales, creemos que una de las redes más importantes es la red invisible: quienes recomiendan el espacio, quienes traen a otras personas, quienes cuidan una actividad, quienes dicen nuestro nombre en lugares donde es escuchado.
¿Qué formas de resistencia pueden surgir desde el arte y la creación colectiva?
Resistir puede ser narrar lo que fue silenciado, producir imágenes donde antes había estereotipos, imaginar futuros donde solo se ofrecía precariedad.
La creación colectiva permite desplazar la idea de la artista como figura individual y excepcional. Pone en el centro los procesos, las conversaciones, los cuidados, los conflictos y las formas compartidas de producción de sentido. Para nosotras, el arte resiste cuando abre preguntas incómodas, cuando protege memorias, cuando produce lenguaje para nombrar violencias, cuando permite ensayar otras formas de relación y cuando convierte la experiencia en una fuerza común.
