El coste climático de los conflictos armados
En el Día Mundial del Clima, Movimiento por la Paz -MPDL- alerta del impacto ambiental de las guerras en un contexto de creciente inestabilidad global.
La guerra no solo tiene consecuencias humanas, sino que también acelera un deterioro ambiental que ya es crítico. En un contexto internacional marcado por conflictos activos y tensiones geopolíticas, desde Movimiento por la Paz -MPDL- advertimos del impacto ambiental de las guerras, una dimensión todavía poco visible pero cada vez más determinante.
Los datos disponibles apuntan en esa dirección. Según estimaciones internacionales, la guerra en Ucrania ha generado ya más de 300 millones de toneladas de CO₂. A escala global, el conjunto del sector militar podría ser responsable de alrededor del 5,5% de las emisiones, una cifra significativa que, sin embargo, permanece en gran medida fuera de los compromisos climáticos internacionales.
Pero el impacto de la guerra no se limita a las emisiones. Los conflictos dejan una huella directa sobre el territorio. Incendios, destrucción de infraestructuras, contaminación de suelos y aguas o pérdida de biodiversidad forman parte de sus consecuencias más inmediatas. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte, en este sentido, de un “legado tóxico” en las zonas afectadas, con consecuencias que perduran durante años y afectan tanto al entorno como a la salud de las personas.
A esta dimensión ambiental se suma una relación cada vez más evidente entre crisis climática y conflictos armados. La degradación del entorno y la escasez de recursos esenciales, como el agua o la tierra, pueden intensificar tensiones y aumentar el riesgo de violencia. Al mismo tiempo, los propios conflictos agravan el deterioro ambiental y elevan las emisiones, generando una dinámica que se retroalimenta.
Las consecuencias de este vínculo se hacen especialmente visibles en contextos de mayor vulnerabilidad. En estas situaciones, el acceso a recursos básicos como el agua, la alimentación o la vivienda se ve aún más limitado, lo que incrementa la inseguridad y dificulta la recuperación de las comunidades, afectando especialmente a mujeres y niñas que suelen asumir mayores cargas en el acceso y la gestión de recursos básicos y enfrentan mayores riesgos de violencia en contextos de conflicto.
Ante este escenario, desde Movimiento por la Paz -MPDL- subrayamos la necesidad de integrar la dimensión ambiental en la construcción de paz. Esto implica no solo atender a las consecuencias inmediatas de los conflictos, sino también incorporar la protección del entorno, la garantía de derechos y la prevención de nuevas violencias, incluyendo la participación efectiva de las mujeres en los procesos de construcción de paz y gobernanza ambiental.
En el Día Mundial del Clima, hacemos un llamamiento a reconocer el impacto ambiental de los conflictos armados, reforzar la transparencia sobre las emisiones del sector militar y avanzar hacia políticas que aborden de forma conjunta paz, clima y derechos humanos.
