El liderazgo de las mujeres rurales en la construcción de la paz comunitaria en Niger

Las mujeres rurales son actores clave en la prevención de conflictos, la mediación comunitaria y la defensa de los derechos humanos en Níger. En el ámbito comunitario y en los espacios locales de toma de decisiones, su liderazgo sostiene la cohesión social frente a la escasez de recursos, las diferentes formas de violencia y el impacto del cambio climático.

En esta entrevista, Oumaimatou Saidou, responsable del programa de Desarrollo Asociativo y Participación Social de Movimiento por la Paz en Níger, analiza el papel central de las mujeres rurales en la construcción de la paz, los obstáculos que enfrentan y los cambios impulsados a través del trabajo comunitario.

Para empezar, ¿podrías presentarte y explicarnos cuál es tu papel en los proyectos que desarrolla Movimiento por la Paz -MPDL- en tu comunidad?

Mi nombre es Oumaimatou Saidou y soy responsable del programa de Desarrollo Asociativo y Participación Social. Mi trabajo en Movimiento por la Paz se centra en acompañar a las comunidades para que los proyectos se construyan de forma participativa y respondan realmente a sus necesidades. En la práctica, esto significa trabajar junto a los 45 pueblos con los que trabajamos para impulsar planes de acción compartidos, en los que participan la población local, las autoridades y los servicios técnicos. Acompaño de cerca el desarrollo de las actividades, participo en encuentros y formaciones comunitarias y me aseguro de que el trabajo se realice con seguimiento y cuidado. También superviso los centros de alfabetización, apoyo los procesos de sensibilización y participo en espacios de diálogo y toma de decisiones. Parte esencial de mi labor es mantener informado al equipo de Movimiento por la Paz sobre la situación de los derechos humanos, las violencias basadas en género y los conflictos en la zona, así como recoger historias de cambio y buenas prácticas que nos permitan aprender y mejorar nuestro trabajo en favor de una cultura de paz.

Desde tu experiencia, ¿qué papel desempeñan las mujeres rurales en la construcción de la paz dentro de sus comunidades?

Las mujeres desempeñan un papel esencial. Son mediadoras naturales y referentes de cohesión social, capaces de intervenir antes de que los conflictos deriven en violencia. A través del diálogo cotidiano y de su presencia en la vida comunitaria, contribuyen a prevenir tensiones y a resolver disputas locales, como las relacionadas con la tierra, el agua o la convivencia entre agricultores y ganaderos. Además, tienen un papel clave en la educación de la juventud en valores de paz y en la lucha contra las violencias, especialmente las violencias sexuales. En contextos marcados por la división o el conflicto, ayudan a reconstruir el tejido social, fomentando la confianza y el entendimiento entre familias y grupos enfrentados. Los encuentros comunitarios, las ceremonias y los espacios colectivos son oportunidades en los que ellas refuerzan los lazos entre distintos clanes o grupos étnicos y transmiten mensajes de convivencia. Aunque muchas veces quedan fuera de los espacios formales de poder, las mujeres rurales se organizan cada vez más en asociaciones y cooperativas para hacer oír su voz e influir en decisiones locales vinculadas a la justicia. Son fundamentales para la prevención de conflictos y la construcción de una paz duradera.

¿Cuáles son los principales conflictos o tensiones que afectan a las comunidades con las que trabajáis?

Los conflictos están muy ligados a las condiciones de vida y al acceso a los recursos básicos. En 2024, el diagnóstico realizado por el equipo de Movimiento por la Paz en los departamentos de Birni N’Konni y Malbaza mostró que muchas comunidades se enfrentan a tensiones constantes, dentro de los hogares y también a nivel comunitario, una realidad que el trabajo desarrollado posteriormente ha permitido confirmar y profundizar. Uno de los principales focos de conflicto es el acceso a la tierra, especialmente en lugares como la comuna de Tsernaoua, donde la presión sobre las tierras cultivables ha dado lugar a ventas ilegales y disputas entre familias. A esto se suman los conflictos relacionados con el uso del agua y de los pastos, que generan tensiones entre agricultores y ganaderos y se ven agravados por el impacto del cambio climático. La vulnerabilidad socioeconómica, que afecta de manera particular a las mujeres que sostienen solas sus hogares, limita además el acceso a recursos y oportunidades, profundizando las desigualdades. Todo ello se ve reforzado por fenómenos climáticos extremos, como sequías e inundaciones recurrentes, que destruyen tierras agrícolas y viviendas y aumentan la inseguridad.

Y frente a estas tensiones, ¿cómo se sitúan las mujeres?

Las mujeres no permanecen al margen, sino que se organizan y actúan desde distintos espacios comunitarios. Muchas de ellas participan en asociaciones de mujeres, redes de defensa de derechos y cooperativas que les permiten reforzar su voz colectiva y ganar capacidad de incidencia en sus territorios. Además, desempeñan un papel clave, recogiendo información sobre los conflictos que surgen en sus comunidades y trasladándola a espacios de diálogo. En el día a día, ejercen una mediación más informal, apoyándose en su rol social como madres y cuidadoras para calmar tensiones dentro de los hogares y evitar que los conflictos escalen hacia formas de violencia comunitaria. Las mujeres también están muy presentes en la gestión del agua, tanto en el ámbito doméstico como en el pastoral. Al mismo tiempo, impulsan acciones de sensibilización en favor de la cultura de paz y la prevención de las violencias basadas en género. Aunque su participación en espacios formales como las Comisiones Foncières (COFO) aún se ve condicionada por la falta de medios y de formación, su presencia en estos órganos representa un avance importante hacia una gestión más justa y equitativa de los conflictos relacionados con la tierra.

¿Puedes compartir un ejemplo concreto del impacto del trabajo de las mujeres en la prevención de conflictos?

Un ejemplo muy significativo es el mecanismo de las visitas de cortesía. Las visitas de cortesía son encuentros estructurados aunque informales, en los que las mujeres visitan hogares donde existen tensiones, a familias influyentes o a personas recién llegadas al pueblo, con el objetivo de romper el aislamiento y generar confianza. La visita comienza con intercambios cotidianos sobre la vida diaria y continúa con rituales de hospitalidad propios, como compartir agua, leche o té, que simbolizan la aceptación mutua y contribuyen a desactivar la hostilidad. En este marco de cercanía, las mujeres practican la escucha activa, recogen inquietudes de forma discreta, combaten estereotipos entre comunidades y, si detectan riesgos reales, alertan de manera preventiva a las autoridades tradicionales, contribuyendo así a la mediación y a la paz comunitaria. Además, las mujeres trabajan juntas en actividades generadoras de ingresos o en huertos colectivos, en las que se crean lazos entre mujeres de distintos grupos. Estos espacios de trabajo compartido fomentan la colaboración, ayudan a romper barreras y contribuyen a fortalecer la convivencia.