La Paz no puede esperar en Ucrania
Hace cuatro años nos despertamos con la noticia de la invasión de Putin a Ucrania. El 24 de febrero de 2022 es una fecha trágica para la historia reciente de Europa. La guerra directa volvió al continente: desde las guerras balcánicas de los años 90 hasta la invasión del Dombás en 2014.
A partir de entonces, se ha normalizado que a las puertas de la Unión Europea se esté produciendo la destrucción de un país, la muerte, la tortura, la violencia extrema contra millones de personas, el exilio de cientos de miles y la violación del Derecho Internacional y del Derecho Internacional Humanitario.
Cuatro años de hostilidades han causado la muerte de más de 15.000 civiles y herido a más de 41.000, desplazado a millones de personas y dañado o destruido bienes e infraestructuras civiles.
La esperanza de alcanzar una solución definitiva y duradera se diluye conforme pasan los meses. Lejos de vislumbrar el fin de la ofensiva, actualmente la población ucraniana enfrenta mayor deterioro y desplazamientos masivos.
Según informa la Misión de Observación de los Derechos Humanos de la ONU en Ucrania, el año 2025 fue el más letal para la población civil desde 2022. La violencia relacionada con el conflicto causó la muerte de 2.514 civiles y dejó 12.142 personas heridas, un 31 % más que en 2024 y un 70 % más que en 2023.
El 97 % de las víctimas se registró en territorios controlados por el Gobierno ucraniano, como resultado de ataques de las fuerzas armadas rusas.
Crisis humanitaria y refugio
Desde el inicio de la guerra, millones de personas han sido obligadas a dejar sus hogares. Según datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), aproximadamente 6,9 millones de personas ucranianas han registrado estatus de refugiadas en otros países. Si sumamos a las personas desplazadas internamente, más de 10 millones de personas han tenido que abandonar sus hogares por el conflicto.
Entre quienes huyen, las mujeres y niñas enfrentan riesgos particulares, siendo víctimas de violencia sexual y explotación. Esta realidad subraya la importancia de un enfoque de género interseccional en la atención a los conflictos, que permita responder a las vulnerabilidades específicas y visibilizar cómo la guerra afecta de forma diferenciada según el género.
Desde el inicio de la guerra, en Movimiento por la Paz –MPDL– abrimos 18 recursos específicos para la acogida de personas refugiadas ucranianas, repartidos por todo el territorio, en ciudades como Cádiz, Calella, Ciudad Real, Badalona, Bilbao, Madrid, Santiago de Compostela y Valencia.
En Movimiento por la Paz hemos realizado diversos llamamientos y convocatorias para mostrar la profunda repulsa de la ciudadanía y de la sociedad civil española ante el Gobierno ruso y sus violaciones de Derechos Humanos, visibilizando nuestro apoyo al pueblo ucraniano y uniendo esfuerzos para impulsar la paz.
¿Hemos normalizado la guerra?
En estos años se ha ido normalizando en muchas sociedades la militarización y una creciente cultura de guerra. El conflicto ha reconfigurado prioridades presupuestarias, discursos políticos y percepciones ciudadanas sobre seguridad y defensa. Conceptos como el rearme, el aumento del gasto militar y la preparación ante amenazas externas ocupan hoy un lugar central en la agenda pública, mientras medios y redes sociales integran narrativas bélicas en la vida cotidiana.
Frente a esta tendencia, movimientos sociales, organizaciones humanitarias y sectores académicos reivindican una cultura de paz basada en el diálogo, la cooperación internacional y la seguridad humana.
Desde esta perspectiva, se cuestiona el rearme como respuesta casi automática a los conflictos. La cultura de paz propone fortalecer las vías diplomáticas, el multilateralismo y la prevención de conflictos como alternativas sostenibles, defendiendo que la seguridad duradera no se construye solo con más armas, sino con justicia social, derechos humanos y estructuras internacionales orientadas a la resolución pacífica de las tensiones.
Derecho internacional y construcción de paz
El respeto al derecho internacional es fundamental para preservar la paz y la estabilidad global, especialmente en el contexto de la guerra en Ucrania. La prohibición del uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de los Estados, consagrada en la Organización de las Naciones Unidas y en su Carta, es un pilar esencial del orden internacional.
Cuando un Estado vulnera estas normas, no solo afecta a la nación agredida, sino que debilita el sistema de garantías colectivas que protege a todos los países. Defender el derecho internacional implica reafirmar principios como la soberanía, la autodeterminación de los pueblos y la responsabilidad por violaciones graves de derechos humanos como base indispensable para una solución justa y duradera.
El derecho internacional se sostiene gracias a la implicación de Estados, gobiernos, organismos internacionales, la ciudadanía, las organizaciones sociales, los medios de comunicación y el compromiso cotidiano de muchas personas.
Cada vez que pedimos responsabilidades, señalamos una injusticia o acompañamos a las víctimas sin atender a su origen, estamos sosteniendo los principios del derecho internacional.
Desde Movimiento por la Paz creemos que defender el derecho internacional es construir cada día una paz basada en normas comunes, en la centralidad de la vida y en la dignidad como punto de partida. Por todo ello, reivindicamos el impulso diplomático como única vía para acabar con el conflicto y alcanzar una paz urgente.
Puedes leer aquí el especial de nuestra revista Tiempo de Paz sobre la guerra de Ucrania .
