En Movimiento por la Paz condenamos la escalada de la violencia en Malí

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La reciente intensificación de la violencia en Malí refleja un nuevo repunte del conflicto armado, con ataques atribuidos a grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda, aliados del Frente de Liberación Azawad (rebelión tuareg independentista), así como con enfrentamientos con actores armados en distintas regiones del país, que han atacado simultáneamente varias ciudades, incluida la capital, Bamako.

Estos ataques han afectado infraestructuras militares, instituciones públicas y zonas urbanas habitadas, generando un grave deterioro de la seguridad y teniendo un impacto directo en la población civil. Entre los hechos más graves se encuentran atentados contra responsables institucionales, enfrentamientos armados y varias explosiones en regiones del país, en una de las ofensivas más amplias de los últimos años. La violencia ha alcanzado ciudades del norte como Kidal, Mopti o Gao, evidenciando una peligrosa convergencia de actores armados y agravando una crisis prolongada que sufre la población maliense desde hace más de una década.

En Movimiento por la Paz -MPDL- trabajamos en Malí junto a las comunidades locales desde 2006 y, tras estos últimos acontecimientos, condenamos firmemente esta escalada de violencia y sus consecuencias sobre la población civil.

Reafirmamos nuestro compromiso con la construcción de paz, la protección de los derechos humanos y el acompañamiento a las comunidades afectadas e instamos a todas las partes a poner fin a la violencia y priorizar soluciones dialogadas que garanticen una paz duradera.

En este contexto, en Movimiento por la Paz apoyamos a las poblaciones más vulnerables. poblaciones más vulnerables para reforzar su resiliencia y autonomía, promoviendo la soberanía alimentaria mediante la formación, el impulso de iniciativas productivas y el acceso a recursos financieros, con especial atención en las mujeres, así como la creación de redes locales de protección social. Especialmente apoyamos a comunidades de población desplazada, expulsadas de sus regiones de origen precisamente por ataques de grupos armados.

Asimismo, trabajamos en el acceso al agua, la higiene y el saneamiento mediante la construcción de infraestructuras y la sensibilización comunitaria, y en el ámbito de la salud, con acciones de prevención y tratamiento de la malnutrición, el fortalecimiento del sistema sanitario y la defensa de los derechos sexuales y reproductivos.

Todo ello se articula desde un enfoque transversal de fortalecimiento de la sociedad civil y de promoción de la igualdad de género, contribuyendo a que las comunidades sean protagonistas de su propio desarrollo incluso en contextos de extrema vulnerabilidad.