La muerte de Mahsa Amini, joven kurda de 22 años, a manos de “la policía de la moral” por llevar mal puesto el velo según las normas político religiosas en Irán, fue el detonante y el despertar de una revolución que desde el pasado 16 de septiembre se mantiene viva en las calles del país. Pero el levantamiento popular ha sido violentamente reprimido por el régimen. Según Human Rights Watch, se han contabilizado más de 100 muertes, entre ellas 23 menores de edad, a manos de las fuerzas de seguridad.